Germán Vargas LlerasFoto: Colprensa

Con el fallecimiento del exvicepresidente de Colombia (2014-2017), Germán Vargas Lleras, en las horas de la tarde del viernes 8 de mayo de 2026, el mundo político está de luto. El despliegue en medios de comunicación es amplio. Crónicas y notas del recorrido y vida del líder político están en circulación. Aquí una de ellas.

Esta es una crónica compartida por Gustavo Melo Barrera*

El Germán Vargas Lleras que conocí: al final me desilusionó

La muerte de Germán Vargas Lleras, exvicepresidente de Colombia, ocurrida ayer a los 64 años, marca el cierre de una de las trayectorias políticas más intensas y contradictorias de las últimas décadas. Vargas Lleras fue un gladiador de la política, un hombre que sobrevivió a atentados, que construyó viviendas y carreteras, que se proyectó como presidenciable. Pero también fue un político que terminó atrapado en las redes de la corrupción, las alianzas cuestionadas y los gestos autoritarios que lo alejaron de la ciudadanía.

El ascenso y la impronta

Heredero de una tradición liberal, Vargas Lleras se forjó como senador combativo y ministro eficaz. Su paso por el Ministerio de Vivienda y la Vicepresidencia dejó huellas tangibles: programas de infraestructura, urbanizaciones populares, autopistas. Su estilo era el de un ejecutor obsesivo, capaz de transformar proyectos en realidades. Muchos lo vieron como el sucesor natural de Juan Manuel Santos, un delfín político que parecía destinado a la presidencia.

El “coscorrón” y el carácter

Pero su temperamento fuerte también lo traicionó. El episodio del “coscorrón” a un escolta en 2014 se convirtió en símbolo de su falta de respeto y de un estilo autoritario que nunca supo moderar. Ese gesto, transmitido en televisión, fue más que un accidente: reveló la distancia entre el Vargas Lleras gestor y el Vargas Lleras jefe, incapaz de contener la soberbia.

Las alianzas que lo hundieron

En sus últimos años, Vargas Lleras apostó por alianzas con partidos y líderes que representaban lo más cuestionado de la política colombiana. Su cercanía con Álvaro Uribe, César Gaviria y Andrés Pastrana, así como con caciques regionales de Cambio Radical, consolidó la percepción de que su proyecto estaba más cerca de las prebendas del poder que de las necesidades del pueblo. Muchos de sus aliados terminaron condenados por corrupción o vínculos con el narcotráfico. Vargas Lleras, que alguna vez se presentó como arquitecto de la modernización, acabó siendo recordado como padrino de una maquinaria que abrió las puertas a narcopolíticos y clientelistas.

La frustración de su vida

Su gran frustración fue no lograr la Presidencia de Colombia. Lo intentó con disciplina y estructura, pero nunca consiguió despertar fervor popular. Su estilo pragmático, calculador y distante lo alejó de las mayorías. Al final, quedó como un eterno candidato, un hombre que rozó el poder máximo, pero nunca lo alcanzó.

La salud y el ocaso

En sus últimos años, la política y la enfermedad se entrelazaron. Cirugías neurológicas, un cáncer persistente y tratamientos clínicos lo fueron debilitando. Mientras su cuerpo se apagaba, su nombre aparecía ligado a denuncias de corrupción en el sector salud, junto a sus hermanos. Lo que alguna vez fue símbolo de gestión terminó convertido en emblema de prácticas cuestionadas, un triste final para quien se autoproclamaba estadista.

Voces de despedida

La noticia de su muerte generó reacciones diversas. El expresidente Álvaro Uribe lo recordó como “un hombre de temple que nunca se rindió ante la adversidad”. César Gaviria señaló que “su capacidad de gestión fue invaluable, aunque sus alianzas lo marcaron”. Gustavo Petro, desde la izquierda, fue más duro: “Vargas Lleras representa la política de las élites, de los privilegios y de la corrupción que tanto daño le ha hecho al pueblo colombiano”. En el centro, figuras como Humberto de la Calle destacaron “su aporte a la paz, al apoyar parcialmente los acuerdos de La Habana, aunque siempre con reservas”.

Epílogo

El Germán Vargas Lleras que conocí fue un gladiador que sobrevivió a atentados y que soñó con transformar el país. El que vi al final, sin embargo, fue un hombre atrapado en las redes de la corrupción y las malas alianzas, símbolo de un sistema político que devora a sus propios líderes. Su muerte cierra un ciclo de poder, pero deja abierta la herida de la desilusión: la de un país que nunca pudo confiar plenamente en él.

Fuentes:

  • Crónica suministrada por Gustavo Melo Barrera*

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