Conducción en Colombia - CALEFotos; Imagen generada con IA & @n3lsonsandoval

Colombia atraviesa una crisis de convivencia en las calles que no se resuelve simplemente construyendo más vías. El problema es de comportamiento y respeto, alimentado por la aparición del «ciudadano-patrón»: esa persona que cree que las normas de tránsito son sugerencias para los demás, pero estorbos para sí mismo. Este conductor no transita por la ciudad, la invade, convencido de que su afán le da permiso para pisotear la norma.

Conducción en Colombia - CALE
Imagen generada con IA

Esta crisis tiene rostros claros que se ven en cada esquina: el conductor que intimida a los demás actores viales «echándoles el carro encima» para imponer su paso, y la anarquía de algunos motociclistas que adelantan por la derecha, transitan por aceras y hasta manipulan sus placas para burlar las cámaras y asegurar su impunidad. A esto se suma el caos de quien parquea donde se le ocurre, bloqueando el flujo de todos como si la calle fuera su garaje privado.

Semejantes patrones de conducta acarrean consecuencias fatales: un índice de siniestralidad disparado que obedece, en igual medida, a la impericia tras el volante y al desacato deliberado del Código Nacional de Tránsito. Ante esta realidad, el proceso para obtener o renovar la licencia de conducción durante este 2026 incorpora una nueva etapa: la evaluación en los Centros de Apoyo Logístico de Evaluación (CALE).

Este esquema se consolida ahora en tres pasos ineludibles: primero, la instrucción teórica y práctica en un Centro de Enseñanza Automovilística (CEA); segundo, el examen médico en un Centro de Reconocimiento de Conductores (CRC) autorizado; y finalmente, la validación en los CALE.

Esta última etapa, eje de la nueva normativa, traslada el examen teórico a plataformas digitales controladas, mientras que la prueba práctica somete al aspirante a una evaluación dual que combina maniobras de destreza en pista cerrada con conducción en vía pública. Todo el proceso está blindado por sistemas de monitoreo y tecnología de precisión.

Si bien la evaluación en los CALE es un avance necesario para medir la pericia técnica, resulta insuficiente ante la idiosincrasia del conductor que solo cumple la norma cuando se siente observado. Por ello, para la obtención y refrendación de la licencia, se propone un modelo que equilibre el rigor con el derecho a la privacidad: la instalación de un dispositivo GPS activo únicamente durante una hora diaria a lo largo de una semana.

Para evaluar la verdadera actitud, el aspirante deberá cumplir esa hora de conducción en rutas sugeridas de tráfico real, permitiendo recolectar datos objetivos sobre su comportamiento en entornos complejos. Para neutralizar cualquier intento de fraude, el sistema incorporará un control biométrico que asegure la identidad del solicitante tras el volante. Bajo este esquema, ya no bastará con una maniobra puntual; habrá que demostrar con datos que el respeto a las señales, el uso del espacio público y la prudencia son conductas consistentes y no solo un esfuerzo momentáneo.

Este salto tecnológico debe estar respaldado por una justicia equitativa: un sistema capaz de aplicar la sanción con la misma severidad tanto al conductor de un vehículo de alta gama como al motociclista más humilde. En la vía pública, ni el apellido, ni el nivel socioeconómico, ni el cilindraje del motor deben operar como atenuantes para exonerar una infracción.

Solo al amalgamar la innovación tecnológica, el rigor de los nuevos protocolos y la responsabilidad individual, se podrá alcanzar una verdadera inteligencia vial. Esta no consiste en llegar primero saltándose un semáforo, sino en comprender que el civismo, el control del afán y el respeto irrestricto a la norma son los únicos pilares que garantizan la convivencia y salvan vidas.

📌 Le puede interesar: Sistemas inteligentes en infraestructura de Vías 4G

3PM Noticias

X