En Colombia, el Estado no se administra; se reparte. Lo que la ley denomina «libre nombramiento y remoción» se ha convertido en la moneda de cambio para saldar deudas de campaña, con funcionarios que cobran salarios altos para obedecer a un padrino, bloqueando el espacio que debería ocupar un profesional idóneo y capaz.
El «reset» paquidérmico
Esta dinámica ha institucionalizado la «palanca» (el favoritismo), donde el talento es ignorado si no cuenta con el visto bueno del político de turno. Así también proliferan los «puestos de corbata»(el cargo innecesario).
Así es como este modelo es el responsable de un Estado paquidérmico y sin memoria institucional. Cada cuatro años, el conocimiento técnico se «reinicia» porque los equipos son barridos para dar entrada a nuevas cuotas políticas que condena a sectores críticos como salud o educación a la improvisación eterna desde el nivel municipal hasta el nacional.
Lastimosamente el empleo público es el combustible de las maquinarias políticas. Sin puestos que repartir o crear, los políticos se verían obligados a competir con ideas y programas, no con promesas de nómina. Quitarles ese «oxígeno» burocrático es la forma más rápida y efectiva de asfixiar la corrupción electoral. Un funcionario que llega por su propio mérito por regla general debe ser independiente y eficiente; uno que llega por «palanca» o » puesto de corbata» es un peón leal a quien lo designó en la dependencia o le creó el cargo.
Transición de un Estado de favores a uno de resultados
El Congreso que se elige el próximo 8 de marzo de 2026 tiene, o debería tener, la obligación ética de revisar, analizar y reformar el artículo n.º 125 de la Constitución Política Nacional para instaurar la meritocracia universal.
El presupuesto no es una agencia de empleo para recomendados. El acceso al servicio público debe depender del conocimiento, de las competencias profesionales, y no del político y/o contratista de turno; solo con reducción de nómina y optimización de procesos se eliminan los «puestos de corbata» y por medio de verdaderos concursos de méritos y transparencia total se bloquea la «palanca». Palanca que, en el sector público, no aporta, no construye, no crea y no mueve lo que debería mover.
«Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo»
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