Casete y algoritmoFotos: Needpix/gizmodo & confirmado.com.ve

Sin embargo, el paso del casete al algoritmo no solo transformó el modelo de negocio, sino la esencia misma del mensaje.

En el pasado, géneros como el rock y las baladas construían sus letras sobre metáforas complejas y producciones ricas en músicos de sesión; hoy, la tecnología de recomendación premia lo que es fácil de procesar. Se ha transitado de una lírica que exigía interpretación a las letras básicas de géneros como el reggaetón y la música popular, diseñadas estratégicamente para no ser «saltadas» antes de los 30 segundos.

Esta simplificación es una respuesta técnica al entorno digital. El uso del Auto-Tune y los moldes rítmicos genéricos aseguran la retención del oyente, sacrificando la altura creativa y el virtuosismo instrumental en favor del recaudo masivo. En este ecosistema, plataformas como Spotify priorizan el volumen sobre la excelencia, mientras el Derecho cumple su función de proteger la obra por su originalidad sin distinguir méritos artísticos; una neutralidad jurídica que el mercado aprovecha para priorizar la rentabilidad de lo inmediato.

Bajo esta lógica, el éxito ya no reside en la profundidad de la letra, sino en su capacidad para generar regalías automáticas a través de una estética de lo superficial. Esta tendencia se traslada a los videos musicales, donde la narrativa visual se centra rígidamente en la exhibición de estatus, el lujo y el «yo tengo», sustituyendo la sustancia por la apariencia.

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