El éxito de cualquier empresa en gran parte depende del buen oficio ejecutivo de sus lideres. Es muy importante tener y desarrollar la capacidad para realizar lo planeado y alcanzar los objetivos definidos. Para ser un buen ejecutivo, un eficaz realizador, un agente catalizador y propositivo se requiere contar con unos conceptos y enfoques concretos. Aquí, algunos de ellos.
Las claves de un ejecutivo
Del dicho al hecho, hay mucho trecho. Una concreta frase para definir la brecha entre la planeación y la ejecución. Precisamente esta es la primera clave y función primordial de un líder empresarial: hacer realidad un sueño, hacer posible lo imposible.
En este orden de ideas, los tres puntos o conceptos claves que un ejecutivo debe conocer y aplicar son:
- Ejecutar es actuar. Y para actuar es indispensable tener claridad en el modelo de negocio del emprendimiento y/o la empresa en operación. Sin el conocimiento previo, sin el diagnóstico de la situación actual (interna y externa) no se puede continuar.
- Teniendo claridad en qué y cómo opera la organización es indispensable revisar y redefinir los objetivos y las metas a corto, mediano y largo plazo. De esta manera se marca la carta de navegación, hacia donde se dirige la empresa. Qué va a lograr en ciertos periodos de tiempo, con quién lo va a conseguir y cómo se va a medir, a evaluar.
- El equipo de trabajo. Un buen y exitoso ejecutivo deber ser un líder inspirador, motivador y ejemplo a seguir para todo un grupo de personas que con su guía, poco a poco, se van transformando en un equipo de trabajo orientado a los resultados del proceso que están operando. De la mano del líder-ejecutivo el equipo de trabajo ira evolucionando hasta convertirse en un equipo de alto desempeño auto gestionado. Una visión de clase mundial.
Estos son solo algunos conceptos claves básicos que todo ejecutivo debe siempre tener presente: ¿Qué, cómo, para qué y con quién se hace?
Finalmente, la planeación y la ejecución están directa y proporcionalmente relacionadas en el camino del éxito empresarial. La ausencia o inadecuada gestión de una de las dos acarrea retrasos, pérdidas y hasta el fracaso organizacional.
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